ALGUNAS ENSEÑANZAS PARA EL DÍA A DÍA

Sobre las dificultades de la vida.  No hay que buscarlas, llegan por sí mismas. Algunas las podemos enfrentar para eliminarlas, pero otras permanecen, aunque no queramos. Si las enfrentamos con la actitud correcta, podemos crecer y madurar. En palabras de santa Teresa de Jesús y de san Juan de la Cruz: se nos abre la puerta para poder entrar en la vida mística. En caso contrario, las dificultades bloquean el proceso de crecimiento e incluso incapacitan para llevar una vida normal. A esta actitud de acogida pacífica de las contrariedades de la vida para superar los traumas y aprender de todo, «haciendo de la necesidad, virtud», hoy se la llama «resiliencia», capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

Ante nuestras debilidades y contradicciones. Santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz decían que, para vencer un vicio, no hay que estar todo el día dando vueltas a cómo conseguirlo, sino practicar la virtud contraria, «para vencer ese amor con otro amor mayor y mejor». Recomiendan la misma actitud para vencer las dificultades y contradicciones: no permitir que nos ahoguen, sino ocupar pensamiento y energías en potenciar las actitudes contrarias para poder superarlas. 

En este camino es esencial «dejar nuestra razón y temores en sus manos [del Señor]», «dejarnos a nosotras mismas» o, por decirlo con san Juan de la Cruz, «salir de nosotros mismos». Esto significa «des-centrarnos», comprender que no somos el centro del universo, ni aún autosuficientes, que nunca nos bastamos a nosotros mismos, que necesitamos de los demás y –sobre todo– de Dios. Así lo expresa Santa Teresa: «Salí de mí misma, esto es, de mi bajo modo de entender, y de mi flaca suerte de amar, y de mi pobre y escasa manera de gustar de Dios».

Para los místicos, la vida verdaderamente humana es «éxtasis», que literalmente significa «salir de sí». Pero no entendiéndolo como una experiencia momentánea, sino como un camino que dura toda la vida, poniendo en práctica una enseñanza fundamental del evangelio: «El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la ganará». Esto consiste en no ser egoísta, sino generoso; en no pensar solo en mis cosas, en mi comodidad, sino en buscar el bien del otro, hasta dar la vida. Esto significa «salir de sí mismo»: no buscarme a mí mismo, pensar en los demás, darme por amor

Para la preparación de las jornadas del Camino.

La experiencia nos demuestra que es muy apropiado y constructivo preparar unos días antes la experiencia de recorrer el Camino de san Juan de la Cruz-con san Juan de la Cruz. Siempre conocer su obra nos acerca a su pensamiento y aporta conocimiento. En síntesis, se trata de seleccionar pensamientos breves y asociar uno a cada día, que nos irá acercando y haciendo presente su compañía. Basta para ello consultar cualquiera de sus obras. Ponemos un ejemplo, de 19 días previos a la salida:

  1. Aunque el camino es llano y suave para los hombres de buena voluntad, el que camina, caminará poco y con trabajo si no tiene buenos pies y ánimo y porfía animosa en ello mismo. Dichos de luz y amor 3
  2. El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa Dichos 96
  3. El alma enamorada de Dios es un alma blanda, mansa, humilde y paciente. Dichos 28
  4. A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición. Dichos 59
  5. Bienaventurado el que, dejado a parte su gusto e inclinación, mira las cosas en razón y justicia para hacerlas. Dichos 44
  6. “En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía.” Poema Noche oscura, estrofa 3
  7. “Nunca te quieras satisfacer en lo que entiendes de Dios, sino en lo que no entendieres de él; y nunca pares en amar y deleitarte en eso que entendieres o sintieres de Dios, sino ama y deléitate en lo que no puedes entender ni sentir de él.” Cantico 1, 12
  8. Grande contento es para el alma entender que nunca Dios falta del alma, aunque esté en pecado mortal, cuanto menos de la que está en gracia. Cantico1, 8
  9. Descubre tu presencia, y máteme tu vista y hermosura; mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura. Cantico 11
  10. Mi alma se ha empleado y todo mi caudal, en su servicio; ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio; Que ya sólo en amar es mi ejercicio. Cantico 28
  11. Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor. Carta 6 de julio 1591
  12. La satisfacción del corazón no se halla en la posesión de las cosas, sino en la desnudez de todas y pobreza de espíritu” (Cántico 1, 14)
  13. ¿Qué más quieres, oh alma, y qué más buscas fuera de ti, pues dentro de ti tienes tus riquezas, tus deleites, tu satisfacción, tu hartura y tu reino, que es tu Amado, a quien desea y busca tu alma? Cantico 1, 8
  14. A la tarde te examinaran en el amor, aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición Dichos de luz y amor 59
  15. Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada. 1Subida 13, 11
  16. Mira que no reina Dios sino en el alma pacífica y desinteresada. Dichos 70
  17. Por toda la hermosura nunca yo me perderé, sino por un no sé qué que se alcanza por ventura. Glosa a lo divino, estrofa 1
  18. La esperanza que se ve no es esperanza. 2 Sub 8, 24
  19. Cuánto más espera el alma, tanto más alcanza. 3 Subida 7,2

Para terminar, invitamos a leer un fragmento de sus escritos:

«No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu amado Hijo Jesucristo, en quien me diste todo lo que quiero. Por eso me gozaré de que no te tardarás si yo me espero. Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios es mía y todas las cosas son mías, y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues, ¿Qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto y todo es para ti. No te pongas en menos ni te conformes con las migajas que caen de la mesa de tu Padre. Sal fuera y gloríate de tu gloria, escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón».

Dichos de Luz y Amor, 26.