ITINERARIO ENTRE BAEZA-ÚBEDA

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Por su valor histórico, extractamos de la obra de Efrén de la Madre de Dios “Tiempo y Vida de San Juan de la Cruz”, (B.A.C. 1997, pág. 199 y ss.) los siguientes textos, que nos acercan a la experiencia de san Juan de la Cruz:

…”  (Baeza) Es, en estos días de nuestra historia, ciudad populosa y rica. Tiene cincuenta mil habitantes y posee numerosas industrias de seda, lanas, armas blancas y tintes (…) Y es centro cultural de Andalucía por su floreciente Universidad (…) hay casas señoriales de la nobleza, con sus escudos y blasones de piedra en la fachada. Y cuenta diecinueve parroquias (…)

Por sus calles estrechas anda fray Juan de la Cruz en la primavera de 1579. Ha venido del Calvario en busca de casa para fundar el primer colegio de la Descalcez en Andalucía (…) y el día 13 de junio, cargado el pobre ajuar sobre una jumentilla, se ponen en camino hacia Baeza. Van a pie y con báculos (…) Descienden por la vertiente meridional de la colina, buscando la ribera del Guadalquivir, y echan a su derecha, siguiendo el camino del sol. Son más de diez leguas de tierras quebradas casi siempre, de montecillos y cerros pelados, algunas tierras de labrantío y viñedo, con la vista lejan, a su izquierda, de las últimas estribaciones de la sierra de Cazorla.

Ya es de noche cuando llegan a Baeza. Nadie advierte entonces la presencia de los Descalzos. Fray Juan de la Cruz y sus tres compañeros preparan calladamente el altar en la sala grande, que queda convertida en oratorio, y cuelgan de una ventana una campanita. Cuando a la mañana siguiente tocan a misa, los vecinos de las casas próximas acuden sorprendidos. Entre ellos está Agustín, mozo que después tomará el hábito, y Juana de Arjona, jovencita de quince años, que vive en unas casas fronteras y corre a ver la novedad que anuncia aquel campanillo colgado del hueco de la ventana. Al entrar se encuentra con fray Juan de la Cruz, que está derribando un tabique de la sala convertida en capilla. Juana de Arjona y los demás vecinos le ayudan a limpiar la sala, y al poco tiempo se celebra la primera misa (…)

Algunos de los buenos amigos de los Descalzos, los que tanto han deseado la fundación, acuden este mismo día de la Trinidad al improvisado conventillo. Son los doctores Carlebal, Diego Pérez y Ojeda, con el padre Núñez Márcelo. Visitan la capilla y las celdas. En estas observan que no hay ni ropas indispensables para dormir, pero se retiran sin decir nada. Por la noche llaman a la puerta. Fray Juan manda al padre Inocencio que le responda, y cuando vuelve de recibir el recado, dice el Rector que el padre Núñez Marcelo envía unos colchones para los frailes. Fray Juan le dice que agradezca en su nombre la caridad que les hace, pero que no reciba nada. Así lo cumple el padre Inocencio, y los descalzos continúan durmiendo en el suelo..

Pero tampoco esa noche van a descansar tranquilos. Ya se han retirado a sus celdas. Fray Juan de la Cruz y fray Juan de Santa Ana ocupan dos habitacioncillas bajas, separadas por otra celda vacía que está entre aquellas. Apenas acostados, comienzan a percibirse unos ruidos extraños en la celda medianera. Fray Juan de Santa Ana está asustado. El Rector, que también oye los ruidos, lo sospecha y se levanta; enciende un candil, llama a su compañero y le pregunta si tiene miedo. Fray Juan de Santa Ana responde que bastante, y el Rector le hace trasladarse a su propia celda. Allí le asegura que son duendes y que no hay que temer, aunque habrán de repetirse los ruidos misteriosos. Apaga el candil y queda en silencio. Los ruidos se reproducen. Esta vez son de tazas y jarras que se quiebran con estrépito. Pero a la mañana siguiente, cuando van en busca de la loza rota, ven que no hay tales tazas ni jarras quebradas. Quizá no las hay en el convento ni sin quebrar siquiera. Y el padre Juan de Santa Ana asegura que los ruidos duraron una semana entera; que los duendes se le echaron entre los pies a fray Juan de la Cruz, una noche cuando salía de la celda, haciéndole caer al suelo, pero que después no volvieron a molestarle más. Era ésta una casa que tenía en Baeza fama de duendes ya antes de ir a ella los Descalzos”

A continuación, Crisógono añade algunas informaciones acerca de la vida cultural en el Colegio (recordemos que San Juan de la Cruz ha estudiado en Salamanca y es una de las más alumbradas inteligencias de la época) y añade:

“Esta actividad cultural no le impide atender a los más pequeños menesteres de la casa. Es el primero en los actos de la comunidad; el primero también en barrer, fregar, en adornar los altares del templo, porque le gusta que estén bien limpios y aderezados. Se preocupa de las obras de ampliación del convento, y para el decorado de la iglesia llama a Juan de Vera, pintor y escultor de Úbeda. Muchos ratos, mientras el artista trabaja, fray Juan está a su lado. No olvidemos que él es un aficionado desde los días de Medina, cuando de niño se ejercitaba en los oficios de entallador y pintor. Muchas veces, terminado el trabajo, fray Juan invitaba al artista a comer con él en el refectorio de los frailes”

La vida de san Juan de la Cruz durante su permanencia en Baeza fue muy intensa, según el mismo autor “en ningún sitio se entregó a las tareas de predicación con tanta intensidad”. Comparando con informaciones de otros biógrafos, y con palabras muy llanas, podemos hacernos una idea de su situación:

Recién salido (más bien “escapado”) de nueve meses de prisión en Toledo, es atendido por unas monjas, escondido y poco después en un hospital. Pocos meses después, aún conmocionado, en el Capítulo de Almodóvar -el primero de los Descalzos, 1578-, es destinado como prior al Monasterio de Nuestra Señora del Monte Calvario ya que el prior de entonces ha de acudir a Roma. A finales de octubre de ese mismo año, 1578, llega al Convento de La Peñuela (actual La Carolina) y continúa su viaje hasta Beas en donde es recibido por las monjas, para dirigirse enseguida al Calvario. Allí estuvo alrededor de unos ocho meses puesto que fue a Baeza como Rector del nuevo Colegio que los Descalzos fundaron.

Fue el primer año o algo más tras la oscura y lóbrega prisión, en el que, poco a poco, respiró el aire fresco de belleza y libertad en medio de la naturaleza, las personas y una actividad incesante. Baeza, El Calvario, su paso por Torreperogil o ciudades como Jaén o Úbeda, etc., el encuentro en Sabiote ¡precisamente con algunas de las mismas monjas que lo cuidaron en Toledo!, su predicación en Iznatoraf, Linares o Santisteban…, marcan la hermosa apertura de una vitalidad incansable.

Fue en la provincia de Jaén. Tanto es así que, aun habiendo sido nombrado Prior de Granada (1581), continuará residiendo en Baeza un año más, tiempo también en el que acudieron a esta ciudad importantes personalidades de La Peñuela, Linares y otros lugares para pedir que no se fuera de Baeza…

NOTA: cuando hablamos de “Colegio”, en aquella época sería equivalente a los actuales institutos o casi universidades. Se llamaban “Colegio de Artes” Según Efrén de la Madre de Dios (Tiempo y vida de San Juan de la Cruz, BAC 1992, pág. 83) el curso global de Artes se basaba en la antigua división de:

  1. A) “Artes serviles”, como la Agricultura, la Artesanía, a modo de tiento de capacidad mecánica o intelectual.
  2. B) “Artes liberales”, que se dividían en dos grupos: el Trivium (Gramática, Retórica y Dialéctica) y el Quadrivium (Aritmética, Geometría, Astronomía y Música)

Desde Baeza iniciará muchos de sus viajes: predicación en Linares, visitas a La Granja de Santa Ana, Jaén, Úbeda, atención a las monjas de Beas y a las de Caravaca, desplazamientos a La Fuensanta, al Calvario, La Peñuela, Granada… y un largo etcétera de riguroso valor histórico.

RECORRIDO ENTRE BAEZA Y ÚBEDA

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NOTA: TRACK A FALTA DE CONSOLIDACIÓN

Entre Baeza y Úbeda 10 km

No existen municipios intermedios. El recorrido en sentido inverso tiene el mismo trazado.

Iniciamos nuestro caminar en la denominada casa del Vicario, lugar del primer convento Carmelita Descalzo fundado en Baeza por San Juan de la Cruz. Por el paseo de las murallas nos dirigimos a Fuente del Fraile y de aquí remontamos un poco hasta la espalda de la plaza de toros donde parte la vereda o camino de San Antonio; tradicional vía de comunicación entre ambas localidades. Dos pilares rectangulares marcan el inicio del camino.

El camino desciende entre huertas hasta topar con la carretera J-3040, que trunca el camino. Hemos de bajar por el talud de la carretera y descender unos metros, cruzando bajo la autovía A-316 para incorporarnos de nuevo al camino en el primer desvío a mano izquierda. Nos acercamos momentáneamente a la autovía para ir descendiendo junto a unas antiguas balsas de jamila. Seguiremos el camino de San Antonio, yendo paralelos a la autovía para ir separándonos y cruzar el arroyo de Santo Domingo. Ascendemos ahora, entre olivos, dejando a nuestra derecha retazos del antiguo monte de encinar, estamos en el paraje del Encinarejo donde existe un pequeño dolmen. Hay que separarse unos metros para visitarlo. Seguiremos ascendiendo hasta el recinto ferial de Úbeda y la ITV. Aquí existe un paso elevado sobre la carreta de Jódar A-401 que nos introduce en Úbeda por la Avenida de Cristo Rey. Un antiguo hermoso pilar nos da la bienvenida. Es el Pilar del León. No es recomendable beber su agua, pero si puede servir para refrescarnos. Siguiendo esta avenida nos lleva al Hospital de Santiago y la Plaza de Toros.

PARA TU REFLEXIÓN…

«Contemplad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, y os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos. Y si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al fuego, Dios así la viste, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! No andéis buscando qué comer y qué beber, y no estéis inquietos. Por todas esas cosas se afanan las gentes del mundo. Bien sabe vuestro Padre que estáis necesitados de ellas. Buscad más bien su reino y esas cosas se os darán por añadidura» (Lc 12, 27-31)

Baeza y Úbeda, dos grandes ciudades con las que Juan de la Cruz tuvo mucho que ver… y, sin embargo, siempre lo hacía desde la humildad y el silencio: que no quiere decir que no hablara o no se significara, sino, que no era eso lo que buscaba. Nada de lo que se significa ni tampoco los ruidos le atraían, antes, al contrario, procuraba mantenerse alejado:

Pasando en cierta ocasión cerca de El Viso, en donde el marqués de Sta Cruz construía un vistoso palacio (…) “unas personas que allí se hallaron e iban a verlo gustaron viera el varón del Señor las obras y otras grandezas que allí había de ver. El respondió a su compañero: “los descalzos no hemos de andar para ver, sino para no ver”

(Tomado de Efrén, Tiempo y Vida de San Juan de la Cruz, pág 683):

Y Dios proveía…