Con San Juan de la Cruz, lo difícil se nos hace fácil…

Leer a San Juan de la Cruz puede hacérsenos difícil, difícil de comprender y generalmente atribuimos esa dificultad a que su lenguaje no se corresponde con el que hoy desarrollamos. Lógicamente pensaremos que una versión más actualizada o interpretación de sus textos nos lo haría más comprensible.

Sin embargo, esto no es exactamente así, dado que tal dificultad no radica en el lenguaje, sino en que supone tomar la vida desde la vida interior.

Y, no es tampoco que seamos incapaces de comprender el lenguaje de la vida interior: la dificultad es el mismo tránsito de la vida propiamente sensible a la vida interior, es decir, el camino que recorremos de fuera hacia adentro.

Y fray Juan de la Cruz, poeta y místico, lo ha hecho por nosotros.

Pero no solo eso. Nos descubre también que lo aparentemente imposible (no solo lo difícil), puede ser posible: desde la vida interior es posible descubrir aquellos espacios, recuerdos, situaciones, opacos, confusos, incluso con cierta turbidez y comprenderlos, aunque solo sea para olvidarlos, inmersos en un tiempo bordado en la misericordia del Amado.

Podemos decir que, caminando con él, lo difícil se nos hace fácil:

“Más indecencia e impureza lleva el alma para ir a Dios, si lleva en si el menor apetito de cosa del mundo, que si fuese cargada de todas las feas y molestas tentaciones y tinieblas que se pueden decir, con tal que su voluntad razonal no las quiera admitir. Antes el tal entonces puede confiadamente llegar a Dios por hacer la voluntad de Su Majestad, que dice: Venid a mi todos los que estéis trabajados y cargados y yo os recrearé -Mt. 11,28-” (D, 18)

Cuando las dificultades de la vida misma requieren que nos la tomemos en serio, descubrimos que se nos hace más fácil, al caminar con San Juan de la Cruz.