Fr. Juan de la Cruz fue el primero en hacer este Camino

Camino que, a su vez halló en los pasos de las gentes de los lugares por donde pasaba, Gentes que limpiaban las sendas, trabajaban con bueyes, sudor, alegrías… Nada le fue ajeno a fray Juan de la Cruz.

Hoy queremos que tampoco lo sea para nosotros, y no queremos conformarnos ni con el andandillo ni con el ensalzamiento sin par de la naturaleza: su cuidado, el respeto, el compartir, el agradecimiento, son también esenciales en este Camino:

“¡Oh, Señor Dios mío!, ¿quién te buscará con amor puro y sencillo que te deje de hallar muy a su gusto y voluntad, pues que tú te muestras primero y sales al encuentro a los que te desean?” (D, 2)

Los tiempos que vivimos siempre nos tientan a querer ser “los primeros”. ni tan siquiera lo fue Fr. Juan… Siempre deseamos ser “los fundadores” de algo… ¿Por qué no serlo en nuestra propia vida?

Es la primera vez que hago este Camino
Es la primera vez que veo este amanecer
Es la primera vez que vivo este día

Quiere ser un camino hacia el interior, un encuentro en el silencio, una búsqueda de la quietud… Pero, ¿es esto posible?

Leer a San Juan de la Cruz puede hacérsenos difícil, difícil de comprender y generalmente atribuimos esa dificultad a que su lenguaje no se corresponde con el que hoy desarrollamos. Lógicamente pensaremos que una versión más actualizada o interpretación de sus textos nos lo haría más comprensible.

Sin embargo, esto no es exactamente así, dado que tal dificultad no radica en el lenguaje, sino en que supone tomar la vida desde la vida interior. Y no es introspección, no es psicoanálisis.

Y no es tampoco que seamos incapaces de comprender el lenguaje de la vida interior: la dificultad es el mismo tránsito de la vida propiamente sensible a la vida interior, es decir, el camino que recorremos de fuera hacia adentro.

Y fray Juan de la Cruz, poeta y místico, lo ha hecho por nosotros.

Pero no solo eso. Nos descubre también que lo aparentemente imposible (no solo lo difícil), puede ser posible: desde la vida interior es posible descubrir aquellos espacios, recuerdos, situaciones, opacos, confusos, incluso con cierta turbidez y comprenderlos, aunque solo sea para olvidarlos, inmersos en un tiempo bordado en la misericordia del Amado.