ITINERARIO ENTRE CARAVACA DE LA CRUZ Y BEAS DE SEGURA

Toda esta tierra del val de Segura se llama sierra quan grande es; pero por esto no se dexa de llamar vn alto, o cabeça sola …paresçe que este nonbreproçede de tierra fraguosa e aspera…e de aquí podemos tomar que todo alto fraguoso e áspero de andar se pueda así llamar propiamente” |(Libro de Montería sobre la Sierra de Segura)

En el Camino de S. Juan de la Cruz, Beas de Segura y Caravaca son extremos de un paréntesis que no encierra el espacio serrano, antes lo abre y universaliza con la luz del santo y poeta que con su afán andariego hermanó, más si cabe, el vínculo secular entre estas tierras.

Desde la antigüedad fue durante siglos una zona aislada, apartada, de bosque intacto, con escasa población, cercana a importantes vías (como la ruta del comercio metalífero de las minas de Cástulo- Linares- a Cartago Nova, una al Norte por el Guadalimar y otra al Sur por Acci –Guadix-) pero al margen de tráficos e intereses, con una economía de subsistencia y pastoril.

Creemos que San Juan de la Cruz recorrió esta zona de Sierra de Segura unas doce veces, puesto que solía unir con su paso las dos fundaciones de monjas Descalzas, de Beas y Caravaca. Sabemos que algunas de las veces que estuvo en Caravaca lo hizo procedente de Granada, por lo que su itinerario no fue Sierra de Segura, sin embargo, siempre que salía de Caravaca en dirección a Beas, su recorrido era por la Sierra…

Lo que aquí encontró fray Juan de la Cruz estaba forjado en los largos y peligrosos siglos XIII, XIV y XV, que forjaron a estas gentes de frontera con el reino moro de Granada, alerta siempre a cabalgadas, correrías, rebatos y saqueos, como reflejan en tono vibrante las joyas del Romancero Viejo.

El peligro fronterizo en el s. XIV y la despoblación reforzaría la vocación ganadera, no exenta de peligros: jabalíes y osos poblaron también la sierra hasta el s. XVII, aunque cueste creerlo; según el “Libro de la montería” de Alfonso XI: “la vega de Fornos (Hornos) que es en término de Segura de la Sierra e la sierra de Montoro e  Guadabris (Guadabraz) es todo un monte (quiere decir de bosque espeso), e es bueno de oso e puerco en verano”. Posteriormente, su riqueza maderera así como agrícola y ganadera, marcaron los días de trabajo y tesón de sus gentes, en la dureza de la vida en la sierra pero también de su belleza, fuerza, vitalidad, silencio…, fuentes de inspiración en el caminar de fray Juan de la Cruz…

De seguro que también deslumbró a S. Juan de la Cruz la contemplación callada de esta vida sencilla en un paisaje duro pero potente y hermoso; y seguro que también dejó una suave sonrisa y una palabra de esperanza a estas gentes acogedoras que lo vieron pasar.

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