… Saber … Vivir …

El verdadero conocimiento es algo íntimamente unido a la realidad, y es también un elemento generador de riqueza y de sí mismo, es decir: el conocimiento genera más conocimiento.

Te invitamos a compartir aquello que consideres que pueda aportar dicha riqueza y que has descubierto en tu experiencia en el Camino de San Juan de la Cruz. Recordamos:

 

 “Pero cuando tú des limosna, asegúrate de que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha; así tu limosna será en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” -Mt 6, 3-

 

Por esta indicación queremos hacerlo con carácter anónimo. Bastará con que identifiques tu texto con un nombre, un alias, un título…, como veas.

Es muy fácil: basta con que redactes a tu mejor entender y expresar y nosotros la publicaremos en este apartado. Quizá la mejor explicación sea “la realidad misma”. Como verás, no se trata de “desahogarse”, sino de aportar a quien lo lea conocimiento, descubrimiento, ilusión, esperanza… Por nuestra parte, intentaremos que los mensajes no sean repetitivos y siempre aporten algo nuevo. ¡Ah! cada cierto tiempo, de haber muchos, despejaremos la página…

3 Comentarios

  1. Lobo feroz
    24 septiembre, 2021 @ 9:39 am

    Al pasar por tantos lugares abandonados, me he preguntado ¿qué habría antes aquí? Seguro que mucho y durante mucho tiempo. Si fuéramos capaces de mostrar y transmitir, no ya lo que hubo (cuestiones puntuales, tan propias de este mundo de prisa), es decir, pastoreo, agricultura, artes tradicionales…, sino CÓMO VIVÍAN EL PASO DEL TIEMPO MIENTRAS REALIZABAN ESAS ACTIVIDADES, entonces sería como recoger una herencia de valor inigualable. Yo creo que esto lo deberían de tener en cuenta las granjas-escuela, las experiencias de recuperación de tradiciones, etc. Y eso es la expresión de la INTERIORIDAD. Y no es el yoga ni la new age ni nada de eso.
    Seguro que tendrían éxito. Mucho éxito. me refiero a las cosas cotidianas y cómo hacían frente al aburrimiento, de lo poco que sé, podría citar los juegos tradicionales, las escenas de cuadra, los bailes, etc. pero no sé nada de todo eso… ¡Qué bonito sería enseñarlo en estos tiempos!

  2. Luisa
    24 septiembre, 2021 @ 9:04 am

    Aprovecho este espacio del Camino de San Juan de la Cruz para decir solo una cosa: busques lo que busques siempre necesitarás una especie de anclaje, si no, andarás perdida. Y no es lo mismo que estar atado, que nadie me confunda.
    Gracias

  3. Caminito
    24 septiembre, 2021 @ 8:54 am

    Caminando con san Juan de la Cruz. En silencio. Escuchando…
    ¿Qué se escucha en el silencio? “Oír” cuanto procede de los sentidos parecería una contradicción: en el silencio, no ha de escucharse nada.
    Silencio conmigo mismo, de mi mí hacia mí, quizá se trate de eso. Al callarme yo (que, por lo visto, soy muy ruidoso), entonces oigo a los demás. Como cuando vas a caballo: hoy hemos conocido a un grupito de personas que hacían un tramo a caballo, me han dicho que, cuando vas a caballo, como van callados, los animales del monte no huyen, y salen todos, y se les ve. Supongo que, al no huir de ti, los encuentras, al menos unos instantes.
    ¡Cuánta sabiduría se encuentra en este hecho!
    En silencio. Lo curioso es que, para que no huyan de mí, ha de ser como si yo no estuviera, que no me oigan, que no se me note. ¿Escondido? No. Escondido, no. Sería como un cazador apostado junto a la perdiz enjaulada y que, mientras esta canta para atraer al macho, prepara su carga mortífera…
    Se trata de ser uno más. He aquí la fuente del descubrimiento.

    Sinceramente creo -quizá sea por mi edad-, que todo está hecho. Sin embargo, veo que hay mucho por descubrir… También por mi edad tengo que decir que son muchas las corazas y máscaras que a veces nos hacemos en la vida. Esto es lo que creo que es más ruidoso. Seguramente, siendo más auténtico, más sencillo (más libre), se inicien caminos para el descubrimiento. Y, como es natural, no ha de saberse qué nos espera… Depende del camino que uno transite, hacia dónde le conduzca…

    Deseo, andariego, andariega, que esta humilde impresión te abra al descubrimiento de muchas cosas, seguramente diferentes de las que me ha abierto a mí, pero en este mismo espacio, hermoso, tal cual es la Obra de Dios. Que, no lo olvidemos, el mundo, la naturaleza, es obra de Dios: “mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura y, yéndolos mirando con sola su figura, vestidos los dejó de hermosura”
    ¡Y cuánta verdad es!
    No apartes a Dios de tu vida, no cometas ese error, Y, si lo has hecho en algún momento (a mí me ha pasado), nunca es tarde para rectificar, para comenzar de nuevo.

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